6 de agosto de 2015

CARTA PARA ELLA.

Y aún a día de hoy, año y pico después del adiós en Plaza España, me sigo preguntando si me quisiste. Hay días en los que hace sol y pienso que sí hubo mariposas en tu estómago, pero los días en los que bajo las persianas y me inunda la fúnebre melodía de la lluvia, mi mente es incapaz de contestarme con un sí. Y es en esta noche tan cálidamente fría cuando parece que ha entrado por la ventana la respuesta a mi dilema. Imaginemos que me la trajo por carta una de esas lechuzas de Harry Potter que tanto te enternecían.

¿Que qué hay en la carta? Recuerdos. Miles de ellos. Horas llevo leyéndolos. He leído sobre el día en el que te abracé después de comprarte aquel libro que meses antes te vi anhelar, y cómo cuando me quise dar cuenta estabas llorando de felicidad. No por el libro. El libro era lo de menos.

He leído sobre la primera noche en la que dormimos juntos. Cuando al despertar te pregunté si había roncado, y tú me sonreíste con la ternura que tiene una madre al mirar a su retoño y me dijiste ‘Roncabas un poquito, pero no te quise despertar porque me encantaba mirarte mientras dormías’.

También leí sobre el día de tu cumpleaños. De cómo aquella tarde de pícnic sobre el césped, a priori tan simple ante mis ojos, fue uno de los mejores días de tu vida, según me contaste a la mañana siguiente.

Páginas y más páginas. La carta lo tiene todo. Como el día en el que lloraste por verme llorar, y lo hiciste con una pena hasta mayor que la mía.

Y tras el punto y final, por fin entendí todo. Que lo tuyo, a diferencia de lo mío, fue malicia sin maldad. Que puedo escribir sobre esto hoy, mañana, dentro de un año o cuando camine con bastón, y el pecho escocerá lo mismo que hoy. Que aunque no daría ni una uña por volver contigo, daría mi piel entera por un último abrazo. Me encantaba la manera en la que me abrazabas, debo aprovechar para decirte. Al leer nuestros recuerdos he comprendido que aunque no me decías los ‘te quiero’ con palabras, me los gritabas cada día.


Así que tú, para adelante. No me odies más, ¿vale? A partir de ahora, yo me odiaré por los dos. Que desde esta noche, solo llore y se lamente el que lo merece. Tú adelante. Tira millas. Sé feliz. Y… lo siento.