26 de octubre de 2014

PUES VENGA, HABLEMOS DEL ÉBOLA (Artículo de opinión).

Según parece, el azote del ébola ha desaparecido en España. Con ello, los medios de comunicación han dejado de bombardearnos con noticias preocupantes y, por consiguiente, ha terminado la paranoia que tenía tan preocupados a todos en nuestro país. Así pues, creo que es el momento de que desde esta página demos una opinión al respecto. Hay varios temas que quiero tratar, así que vamos allá.

En primer lugar, lo que me gustaría destacar es la hipocresía de la gente. Y no, ahora no estoy hablando solo del Gobierno. Estoy hablando de los cincuenta millones de hipócritas que tenemos en este país. En cuanto supimos del contagio de la pobre Teresa, todos los españoles empezamos a sensibilizarnos con esta enfermedad y a dar todo nuestro apoyo a las personas que la padecían, no solo a Teresa, sino a todos aquellos ciudadanos del mundo que estuvieran pasándola. Y tiene gracia, porque cuando mató a miles de personas en África a nadie le importaba. Quizás no nos sensibilizábamos con la gente que la padecía, sino que lo que nos tenía tan sensibles a la enfermedad es que la podíamos padecer cualquiera de nosotros.

Quizás sorprenda la manera en la que estoy abordando este tema. Pero, ¿qué esperabais? ¿Que hablase de la pésima gestión de la enfermedad que ha hecho el Gobierno? Me parece que eso ya lo sabemos todos y no hace falta que haga un artículo al respecto. Espero y deseo que las personas que leen este blog estén buscando algo más complejo que eso, así que volvamos al tema que tratábamos.
Como iba diciendo, a nadie le importó esta enfermedad hasta que surgió la posibilidad de que nos afectase a alguno de nosotros. Así de egoístas somos. Así de egoísta es la raza humana. No quiero decir con esto que no haya excepciones, y a todos aquellos que la sean, espero que no se sientan ofendidos porque este artículo no va para ellos.

Parece que desde el susto de Teresa, la gente se ha implicado más con esta enfermedad y ya no solo a nivel nacional, sino internacional. Me pregunto si toda esta gente es consciente de que hay enfermedades más mortales en África, y la primera de todas es la malaria. Creo que tras acontecimientos como este, es momento de hacer autocrítica y darnos cuenta de que no deberíamos comportarnos de esta manera. Debemos sensibilizarnos con todas las grandes enfermedades que matan a miles de personas, y no ser tan hipócritas como para preocuparnos solo de las que nos pueden afectar a nosotros. Que los putrefactos medios de comunicación en este país no informen del resto de enfermedades que afectan a millones de personas, no significa que no existan. Hoy en día tenemos algo mucho más poderoso que la televisión, y es Internet. Informémonos de todas las brutalidades que suceden hoy en día y por las que no hacemos nada, en vez de hacernos los héroes cuando se trata de enfermedades que nos pueden afectar a nosotros, o que simplemente le suceden a españoles. Vivimos en el mundo, no en España. Y el ébola no es uno de los diez mayores problemas que tiene. Basta de hipocresía.

Y para concluir, os dejo con una cita que he visto en Internet y que me ha encantado:
‘’El hambre mata más que el ébola, pero no es considerado un mal importante, ya que de eso no pueden morir los ricos’’.


Por Juan Antonio Latorre.

19 de octubre de 2014

Relato corto.

¡Buenos días! Espero que tengáis buenos planes para este domingo (no es mi caso, me toca estudiar muchísimo). Hoy tenemos un relato muy cortito de una chica que va a participar habitualmente en nuestro blog a partir de ahora. Espero que os guste:

Me senté en el alféizar de aquella amplia ventana, dejando que mi pierna derecha colgase directamente sobre la calle, apoyando el pie izquierdo sobre el radiador y descansando la espalda junto a la hoja de la ventana. En Madrid jamás me habría atrevido a hacerlo, pero en Ámsterdam todo era diferente.

Estaba cansada de caminar, de seguir la ruta prescrita, de avanzar sin un rumbo fijo según se fueran moviendo los hilos de mi destino. Estaba cansada de andar, de hablar, de dar explicaciones, de pelear, de fingir, de llorar… Estaba cansada de reír, e incluso de respirar.

Así que cerré los ojos y ladeé la cabeza para escuchar mejor el abrumador sonido que despedían las campanas de la Centraal Station y el tímido y suave ronroneo del carrillón de la Iglesia de San Nicolás, que quedaba del otro lado de la calle y que, soñé, podía alcanzar con tan sólo estirar los dedos de mi mano.

Y me dejé llevar, embriagada de luz, cautivada por la dulce melodía. Me dejé llevar y probé el elixir de la eternidad que los canales bajo mis pies me brindaban y sus imponentes barcazas me regalaban, y la esencia de los minutos que había malgastado en aquellas calles. Probé también el sabor dulzón de la efimeridad de la vida de la mano de tres frascos de paracetamol, y alargué mis brazos más allá de los árboles, de los coches, los tranvías y las bicis. Rocé con la punta de los dedos los ladrillos de las más altas torres de la ciudad, recorrí una a una las escamas de cada cúpula y conté las gotas de agua que habitaban cada fuente y los pétalos de las flores que decoraban cada jardín. Sentí el frescor de las briznas de hierba bajo mis pies descalzos de madrugada. Buceé en las más oscuras y prohibidas profundidades del Amstel y acaricié cada cuadro de Van Gogh como sólo puede hacerse la vez última y a la vez única y primera. Vi pasar los trenes, rápidos, a lo lejos en las vías. Observé a los ajetreados turistas con sus mapas, planos, cámaras de fotos y revistas, e incluso regalé un par de sonrisas a quienes me ofrecieron la suya. Alguno de ellos debió tomar una foto de mi desdicha y, de paso, de mi ventana, según vi más tarde en un par periódicos locales. Finalmente, ya agotada, me dejé llevar por el aroma, la música y la magia de la ciudad…

Y tanto me dejé llevar que pasé tres días, con sus tres noches, sentada en aquella ventana.
Porque pasaron tres días hasta que, tres botellas de whisky y un frasco más de paracetamol después, me encontraron allí sentada.

Por Sara Núñez. Bienvenida al blog, darling.

11 de octubre de 2014

AMORES QUE MATAN NUNCA MUEREN (Novela por capítulos, primera entrega).

Me corroe el dolor. Salgo, quedo con los amigos, sonrío, vuelvo a casa y se me caen las paredes encima. Quedo con otras tías, y todos me dicen: ‘’llévatelas al centro, es el mejor lugar para una cita’’. Pero no las llevo ahí. Porque el centro es el lugar al que iba contigo, y las mujeres a las que llevo allí no son más que zorras en comparación contigo. Era nuestro lugar, y pasar por allí me recuerda a ti. No quiero llenar esas calles con recuerdos de otras mujeres. Quiero que cada vez que pase por allí, las fachadas de Plaza España me susurren tu nombre. ¿Recuerdas aquel primer beso, verdad? La mejor noche de mi vida.Hasta sueño contigo, es acojonante. Como en las putas películas. Te pienso de día y te sueño de noche. Bueno, eso cuando duermo. Ahora padezco insomnio. Son las 4 de la mañana.Y beso a otras, y siento hasta asco. Porque aunque ya no estemos, siento que te soy infiel. Y me acuerdo de tus besos. Tú y tus besos perfectos. ¿Por qué nadie besa como tú? Y ni siquiera me dejaste darte el último. Aquel día en que rompimos quise un último beso y me apartaste la cara. Me he roto la cabeza intentando recordar cómo fue el último, y no lo recuerdo. Me estoy volviendo loco.Salgo, conozco a otras, me lío con algunas… todo lo que siempre quise hacer. Y ahora que lo tengo, me siento vacío. Estoy roto.Echo mucho de menos tus besos. Tus putos besos perfectos. Bueno, al menos te volví a besar en uno de esos sueños.


Miré la mano con la que estaba sosteniendo la carta y me di cuenta de que estaba temblando. Es curioso, porque solo había temblado una vez en mi vida antes de esto. Estaba en la puerta principal, esperando a que ella saliera. Ni siquiera sabía con certeza para qué le daba esa carta. No esperaba que me besase o que las cosas cambiasen. Quizás simplemente quería que supiera cómo me sentía.

Me miró llena de rencor y cogió la carta. Comenzó a leer y cayeron unas cuantas lágrimas sobre el papel. Me miró y vi que le caía una lágrima por la mejilla. Se la sequé con la mano y recordé lo suave que tenía la piel. Entonces me besó durante menos de medio segundo, se arrepintió y ella misma se apartó. Me dio una bofetada en la cara, me pidió que la dejara en paz de una vez y se fue corriendo.

Podríamos decir que mi historia comenzó hace unos siete meses. En fin, vamos allá:



5 de octubre de 2014

¡OS EXIJO QUE LEÁIS EL RELATO DE HOY!

Hola, mis queridos lectores, ¿qué tal estáis pasando el fin de semana?
Para esta semana tenía preparado un pequeño relato que he escrito, pero de repente se me ha encendido una bombillita en la cabeza y se me ha ocurrido algo mejor.

Todas las personas que escribimos hemos tenido un referente que nos animó para comenzar a escribir, y me estoy dando cuenta de que no he compartido con vosotros qué fue lo que me inspiró a escribir pequeñas historias como las que suelo subir cada semana a este blog. Así que he pensado que hoy os voy a enseñar mi relato corto favorito.

Esta es una entrada muy especial para mí. Y os aseguro que lo será también para vosotros, porque ninguna de las cosas que yo he escrito o pueda llegar a escribir en este blog serán tan buenas como el relato de Edgar Allan Poe que os voy a dejar aquí.

Así que hoy, mis queridos lectores, en vez de leer un relato mío, quiero que leáis un relato del gran maestro de las historias cortas. Os va a dejar boquiabiertos. Y, quién sabe, a lo mejor sirve para que otro de vosotros también se anime y empiece a escribir historias cortas. No os entretengo más, espero que lo disfrutéis.


http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/ing/poe/el_corazon_delator.htm


Y, para los que seáis tan afortunados como para entender bien el inglés, os lo dejo aquí en versión original.

http://xroads.virginia.edu/~HYPER/POE/telltale.html