11 de octubre de 2014

AMORES QUE MATAN NUNCA MUEREN (Novela por capítulos, primera entrega).

Me corroe el dolor. Salgo, quedo con los amigos, sonrío, vuelvo a casa y se me caen las paredes encima. Quedo con otras tías, y todos me dicen: ‘’llévatelas al centro, es el mejor lugar para una cita’’. Pero no las llevo ahí. Porque el centro es el lugar al que iba contigo, y las mujeres a las que llevo allí no son más que zorras en comparación contigo. Era nuestro lugar, y pasar por allí me recuerda a ti. No quiero llenar esas calles con recuerdos de otras mujeres. Quiero que cada vez que pase por allí, las fachadas de Plaza España me susurren tu nombre. ¿Recuerdas aquel primer beso, verdad? La mejor noche de mi vida.Hasta sueño contigo, es acojonante. Como en las putas películas. Te pienso de día y te sueño de noche. Bueno, eso cuando duermo. Ahora padezco insomnio. Son las 4 de la mañana.Y beso a otras, y siento hasta asco. Porque aunque ya no estemos, siento que te soy infiel. Y me acuerdo de tus besos. Tú y tus besos perfectos. ¿Por qué nadie besa como tú? Y ni siquiera me dejaste darte el último. Aquel día en que rompimos quise un último beso y me apartaste la cara. Me he roto la cabeza intentando recordar cómo fue el último, y no lo recuerdo. Me estoy volviendo loco.Salgo, conozco a otras, me lío con algunas… todo lo que siempre quise hacer. Y ahora que lo tengo, me siento vacío. Estoy roto.Echo mucho de menos tus besos. Tus putos besos perfectos. Bueno, al menos te volví a besar en uno de esos sueños.


Miré la mano con la que estaba sosteniendo la carta y me di cuenta de que estaba temblando. Es curioso, porque solo había temblado una vez en mi vida antes de esto. Estaba en la puerta principal, esperando a que ella saliera. Ni siquiera sabía con certeza para qué le daba esa carta. No esperaba que me besase o que las cosas cambiasen. Quizás simplemente quería que supiera cómo me sentía.

Me miró llena de rencor y cogió la carta. Comenzó a leer y cayeron unas cuantas lágrimas sobre el papel. Me miró y vi que le caía una lágrima por la mejilla. Se la sequé con la mano y recordé lo suave que tenía la piel. Entonces me besó durante menos de medio segundo, se arrepintió y ella misma se apartó. Me dio una bofetada en la cara, me pidió que la dejara en paz de una vez y se fue corriendo.

Podríamos decir que mi historia comenzó hace unos siete meses. En fin, vamos allá:



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