30 de julio de 2015

ÉL SOLO SABÍA ESCRIBIR CON EL CORAZÓN HECHO TRIZAS.

Él solo sabía escribir con el corazón hecho trizas. Solo cuando se sentía borracho de dolor y embriagado por el pesimismo era capaz de escribir los versos más brillantes. El resto del tiempo era mediocre. Uno más. Ni el mejor, ni el peor. El resto del tiempo pensaba para escribir, pero cuando caía al abismo las palabras brotaban sin apenas pensarlas. En medio de ese dolor tan desgarrador, no pensaba para escribir... sentía para escribir.


A veces, en sus peores momentos, con las mejillas empapadas, el pecho punzado y el alma ensangrentada, experimentaba una cálida sensación de felicidad por unos instantes. Porque él sabía como nadie reciclar el dolor para convertirlo en oro. Sonreía porque en ese momento lo tenía claro. Veía los versos, las metáforas y las frases más sinceras y arrebatadoramente hermosas jamás escritas. Unos días era impenetrable, y otros días su corazón estaba ahí fuera, sufriendo las inclemencias del temporal. Y eran estos últimos días los que le hicieron grande. Fue en esos días cuando su talento pisaba con pies de gigante. Fueron esos días los que le hicieron leyenda. Y por eso cuando lloraba, reía.

Juan Antonio Latorre.