16 de noviembre de 2014

ODA A LA DONCELLA DE CAPUCHA NEGRA.

¿Por qué desde pequeños nos enseñan a repudiarte?

¿Por qué, doncella de capucha negra, no hay ni un solo poema en el que tú seas la buena?



El filo de tu guadaña hace que este segundo en el que te escribo, y todos los que me sigan hasta que nos encontremos, sean especiales.

¡Qué injusto es el ser humano! Seguro que nunca nadie te dibujó hermosa. Yo no tengo un pincel, pero sí un bolígrafo con el que escribirte preciosa.



Ni Shakespeare, ni Garcilaso, ni Platón. Nadie te escribe con admiración. Yo no tengo el ángel en las manos que les acompañaba a todos ellos, pero te hago esta humilde oda, princesa esquelética, e intento sacarte sonrisas, aunque sea una sola.

¡Qué curioso! ¡Qué irónico! Todos intentan evitarte, y tú te buscarías si pudieras, pobre doncella de eterna maldición, condenada a no desaparecer nunca, a estar haciendo tu labor hasta que no quede nadie, y sin nadie que elogie tu bravura.




Y te desafío a ti, lector, que tienes esta carta entre tus manos, a que te hagas estas preguntas y dejes que corra el aire a través de la caja fuerte que es tu cerrada mente: ¿Qué tendría de especial la vida si fuera eterna? ¿Qué sería de la vida sin muerte?

Por Juan Antonio Latorre.

No hay comentarios:

Publicar un comentario