14 de diciembre de 2014

PAPÁ... ¿POR QUÉ SOMOS LECTORES? (Artículo de opinión).

Eso digo yo. ¿Para qué leer? Según parece, la gente con dos dedos de frente consagra su vida a la ciencia y la tecnología. Según parece, hoy en día ya nadie necesita una novela.

Quizás por esa razón hemos llegado a esto. Hemos llegado a una sociedad cuya mayor preocupación es tener muchos amigos en Facebook. Una sociedad en la que las relaciones sociales se hacen por medio de un teclado, y en la que cuando quedas con un amigo, en vez de hablar con él, te dedicas a contestar los whatsapps que te envía otro. Hace no mucho tiempo, vi a una pareja en un banco cercano a Plaza España. El chico estaba contestando mensajitos del móvil y la chica haciéndose selfies, y sentí verdadera lástima por ellos. Sentí lástima de que, teniéndose el uno al otro, se dedicaran a ser esclavos de la tecnología en vez de ser reclutas de sus emociones.

A lo mejor no nos hemos dado cuenta de lo que ha pasado. Mientras en un tiempo no muy lejano la gente salía a la calle y se rebelaba para luchar por sus derechos, hoy en día la gran masa está aletargada, leyendo tweets y creyéndose rebelde por escribir alguno desafiante.

Y yo me pregunto, ¿es esto necesario? ¿Nos hace falta más progreso tecnológico y científico? Y ojo, no me refiero a los progresos orientados a la salud. Me refiero a iPhones, ordenadores, televisores de última generación, o cualquier cacharro estúpido que se ponga de moda. ¿De verdad necesitamos más? Yo mismo os responderé: No. Sin embargo, es la manera más fácil de controlar a las masas. Es la forma más efectiva de que todos sigamos siendo las ovejas buenas del rebaño, un rebaño en el que la definición de felicidad en vez de ser una decisión individual e independiente, está marcada por la publicidad. Ha llegado el día en el que la tecnología se ha convertido en el opio del pueblo.

 Y volviendo al tema de la salud, estoy seguro de que hay muchas más curas creadas de las que podemos imaginar, solo que da mucho más dinero tratar una enfermedad eternamente, que curarla en un día. Aun así, a nosotros nos vale con poner algún Tweet criticando el sistema, o incluso a un político. ¿Y sabéis qué? Ya es hora de que nos quitemos las máscaras: los políticos que tanto nos atrevemos a criticar son el espejo del pueblo. Estoy seguro de que más de la mitad de los ciudadanos que no se dedican hoy a la política, aceptarían algún sobresueldo si ostentaran algún cargo. Y es que, nos hemos centrado tanto en el progreso científico y tecnológico, que hemos llegado al punto de olvidar lo que de verdad importa. Hoy en día estamos en la sociedad de los ANALFABETOS MORALES.


¿Habéis estudiado historia alguna vez? ¿Cómo se produjeron los cambios de ciclo en la historia? ¿Dónde nacieron? Os diré de dónde: todos los grandes cambios sociales de la historia nacen de un cambio en la ética y la moral humana. Y que no os engañen, eso no se difunde con la ciencia. Eso se difunde a través del arte. La música, la pintura y, sobre todo, la escritura, es lo que permiten difundir los valores morales necesarios para un cambio social. Una buena novela, como bien decía mi profesora de literatura, no es una simple anécdota. Una novela es una obra de arte cuyo autor escribe por una razón, por un propósito moral. Una buena novela es aquella que te hace cambiar a nivel ético, o al menos te hace replantear tus valores. ¿Qué pensarían John Locke o Aristóteles de lo que se está haciendo hoy con la literatura?

Creo que la escritura es el arma más poderosa para cambiar la mente humana, y es lo que más nos hace falta hoy en día. Necesitamos filósofos y pensadores que nos hagan replantearnos el vertedero moral que hemos creado. Que no os engañen los medios de comunicación: ya no hace falta más progreso tecnológico. Me río de los drogadictos de la ciencia que siguen empeñados en crear máquinas nuevas, cuando lo único que necesitamos moldear hoy en día son nuestras emociones.

Todo cambio moral que desencadena una revolución social, viene marcado por el arte. Y es eso lo que hoy necesitamos urgentemente. Así que deja el puto móvil un rato, y coge un buen libro. O… incluso mejor: escribe uno. 

2 comentarios:

  1. ... Dijo el señor que opina que las asignaturas de literatura son aburridas.
    Lo siento, tenía que decirlo, al final va a ser verdad eso de que siempre te critico...

    Bueno, me había propuesto escribir un comentario bonito (o mejor dicho, que fuera de tu agrado) para la entrada de hoy, y lo que me encuentro es un artículo de opinión, ¡esto no lo puedo comentar! O sea sí, pero no de la manera que había pensado. Bueno, sea como sea, lo cierto es que siempre me quedo a medias comentando tus artículos de opinión y al final no te pongo nada de nada, así que esta vez lo voy a hacer, promesa.

    Debo de decirte que estoy de acuerdo con eso de que "las nuevas tecnologías son el opio del pueblo", yo misma me siento culpable cuando tengo que usar el smartphone (sería mucho más feliz con un teléfono normal y corriente, o por mí ni lo tendría -no son pocas veces las que lo olvido en casa) o cuando disfruto de manera moderada de alguna consola (con lo que me gustan) pero esto de estar enganchado día tras día... Llámame exagerada, pero creo que está matando las relaciones humanas, cierto es que mucha gente dice no estar enganchada a un móvil, si no a la persona con la que habla a través de él, pero entonces ¿qué ha pasado con el echar de menos? He vivido con y sin smartphone y puedo asegurar que era más feliz sin él, porque cuando no podía ver a una persona, al no comunicarme con ella, la echaba realmente de menos y cuando volvía a verla las relaciones eran mucho más intensas, porque tenías mucho que contarle a la persona, ahora, como ya se lo has contado todo, no es raro ver a parejas como las que tú has descrito, y raro es el día en el que veo a unos novios pasándoselo realmente bien sin hacer uso del móvil, no te diré que no los veo, porque conozco a gente que sabe cuándo parar y me eso me encanta.
    En fin, te tengo que dar la razón nuevamente respecto a esas “revoluciones vía twitter” porque no llevan a ninguna parte, si las redes sociales ayudan a la gente a movilizarse, a salir a la calle, bienvenidas son, pero poner un “tuit protesta” es lo mismo que no hacer absolutamente nada, porque sí, la injusticia cogerá el tuit protesta y se limpiará los mocos con él (iba a poner algo más feo…)

    ¿Pero sabes el mayor problema Juan? Que estas charlas hay que empezar a darlas en los colegios, en los institutos, porque el otro día cuando mi hermano de doce años me preguntó “¿y para qué sirve leer un libro?” te puedo asegurar que se me cayó el mundo a los pies, no solo por mi hermano, sino por la de niños que se preguntan lo mismo, una nueva generación que viene mucho peor de lo que lo está la de ahora.

    Y ya me callo, que he escrito demasiado. Pero ya podría comentar más gente en un tema así, que está interesante.

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    1. Tienes toda la razón, Mónica: estamos criando una generación perdida, que no disfruta de la lectura y no se cultiva como ser individual, sino ser colectivo.
      Y claro que me aburren la mayoría de las clases de literatura, porque ¡no son clases de literatura creativa! Son clases en las que viene un tipo y te suelta el rollo, al igual que en casi todas. Quizás deberían dar más margen a la creatividad en todas las asignaturas y especialmente a los más pequeños, porque si lo único que haces es poner a tus alumnos a memorizar datos, consigues una generación alienada y sin ganas de aprender. Aunque bueno, mejor me callo que me estoy desviando del tema...

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