9 de noviembre de 2014

AMORES QUE MATAN NUNCA MUEREN (Novela por capítulos, SEGUNDA ENTREGA).

Siempre he estado acostumbrado a tener a todas las mujeres que he querido. Todas las mujeres dicen que tengo unos ojos que cuando los miran les hacen sentir que las miro el alma. Con los 17 años que tengo, nunca había quedado con una chica más de tres veces. Y no es porque fuese un capullo que me gustara enrollarme con las tías y luego pasar de ellas. Es, simplemente, porque no me hacían sentir. Ninguna mujer me ha hecho sentir algo que vaya más allá de la simple atracción sexual. Aunque siempre se me pintó como un villano, yo solo había sido una víctima emocional. Hasta hace siete meses. Hace siete meses, noté por primera vez que tenía líquido en el corazón.


La vida en el instituto era sencilla: aprobaba por los pelos sin hincar demasiado los codos, era el mejor jugador del equipo de fútbol, popular, con tanta labia que siempre era el alma de las fiestas y… ¿por qué no admitirlo? Soy muy guapo. Las chicas con las que había estado, tanto de mi curso como de otros, no se podían contar con los dedos de mis manos; y aun así, a pesar de haber estado con tantas y haber pasado de ellas inmediatamente después, seguían saludándome en los pasillos con toda la amabilidad que podían y continuaban babeando por mí tanto como como antes de que hubiese pasado de ellas, o incluso más.


¿Para qué voy a negar la realidad? Me encantaba que me deseasen. Me encantaba hablar con todas y ver cómo buscaban desesperadamente mi aprobación, una mirada cómplice o al menos una simple sonrisa. Siempre decía que si llegaba la mujer apropiada, no dudaría en dejar atrás mi golfo estilo de vida, pero hasta que ese día llegase, tenía claro que iba a disfrutar de mi soltería al máximo.


Mi mejor amigo desde la infancia se llamaba Sergio. Era, también, un chico físicamente atractivo, aunque no tanto como yo. Sin embargo, carecía de mi labia, y eso se notaba en su impacto con las mujeres. Era un chico más centrado en sus estudios, y menos centrado en ‘’darle patadas a un balón’’, tal y como él decía sobre mi afición al fútbol. Éramos inseparables. Yo daría mi vida por Sergio, y no es una expresión o una forma de hablar, es la realidad. Él ha sido mi hermano desde que estábamos en la guardería, desde mucho antes de lo que pueda recordar. Aparentemente, no viene a cuento que os hable de mi mejor amigo, pero es más importante de lo que creéis para el desarrollo de la historia. ¿Recordáis la chica de la que hablaba? La chica que me besó después de que le entregase la carta, la que me hizo sentir. ¿Sí, verdad? Pues… es su novia.





Creo que hasta aquella noche, nunca me había fijado en ella. Sabía quién era, pero nunca la había mirado con deseo. Para mí, Miriam vivía en otro mundo, a pesar de que estábamos en la misma clase. Ella era una alumna modélica que jamás se metía en problemas y yo, como ya sabéis, un caso perdido.

Miriam sacaba matrículas de honor en prácticamente todas las asignaturas, aunque nunca participaba en clase cuando pedían voluntarios. Nunca iba a los botellones que organizábamos mis amigos y yo a los que invitábamos a todo el instituto. No le daba mucha importancia a la apariencia: solía ir a clase en chándal y con una coleta mal hecha. Era el tipo de chica en la que alguien como yo nunca se fijaría.

Mientras yo malgastaba mi tiempo saliendo con las maquilladas y arregladas chicas populares de clase, ella lo empleaba en pasar desapercibida y esforzarse para poder estudiar medicina en la Universidad Complutense. En definitiva, Miriam y yo nunca nos habíamos mirado a los ojos y, por supuesto, nunca nos habíamos tomado la molestia de hablar el uno con el otro, ni falta que hacía.
Era diciembre y había terminado el primer trimestre de segundo de bachillerato, un curso terriblemente asfixiante. Sin embargo, yo había organizado una fiesta para que los cuatro grupos de segundo de bachillerato nos olvidáramos por una noche de nuestros problemas y saliéramos a pasarlo bien. Alquilamos un local entre todos, muy cerca de Plaza España, y nos fuimos a pasar la noche oyendo música, bailando… y bebiendo.


¿Qué cuál era mi objetivo de la noche? Teniendo en cuenta que ya me había enrollado con todas las chicas deseadas de bachillerato, ninguno en particular. Quizás simplemente acabaría enrollándome con la que más se lo currase a lo largo de la noche, o con la que estuviese dispuesta a llegar más lejos (espero que sepáis a lo que me refiero).
Sergio y yo habíamos hablado antes por Whatsapp y me dijo que quería presentarme a su nueva novia esa noche. Me alegró bastante que hubiese encontrado el amor, y también que quisiera compartir su alegría conmigo. Últimamente nuestra relación de amistad no había estado en su mejor momento. Él solía juntarse demasiado con los empollones, mientras que yo me juntaba con la gente popular.


Miriam sí se arregló para esa noche, y en cuanto la vi, noté un pinchazo en la boca del estómago. Dejó en el armario sus habituales chándales y los cambió por un vestido azul claro que marcaba todas y cada una de sus magníficas curvas, se dejó el pelo suelto, se pintó los ojos, los labios y hasta las uñas. Estaba preciosa. Me dio dos besos y sonrió. Yo apenas pude pronunciar un ‘’encantado de conocerte’’. No entendía la sensación que estaba experimentando.

Mientras Sergio estaba en la pista de baile, Miriam y yo tuvimos nuestra primera conversación. Yo dije:
-          —Ya es hora de que Sergio se lo pase bien una noche y se emborrache. Le hace falta- dije yo, mientras bebía de mi copa.

-         — ¿Sabes qué? No me voy a molestar en fingir que soy como tú. La gente como tú me da verdadero asco.
     — ¿Perdona?


2 comentarios:

  1. Anda que... Del 11 de Octubre al 9 de Noviembre que nos has tenido esperando a los lectores, ¿eh? Ya me parecía a mí que habías tardado, pero cuando lo he visto te puedo asegurar que no esperaba que fuera tanto (más de alguna vez he estado a punto de gritarte cuando te veía......)

    Sea como sea, me gustó más el principio; no esperaba que al conocer al protagonista de la historia me pudiera caer tan mal, y subrayo el "tan". Sea como sea, me parece interesante descubrir cómo pudo enamorarse de la novia de su mejor amigo, que, pese a no ser algo inusual, es siempre interesante de leer (es lo que tienen los culebrones).

    Espero que no sea tan predecible esta historia como la anterior, eso sí que debo decírtelo, ¡y también espero que no tardes tres años con la tercera parte!

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    1. Querida Mónica, me alegra que el personaje te caiga tan mal. Mi idea es hacerlo evolucionar desde un completo creído sin sentimientos (como vemos en este segundo episodio), hasta un hombre enamorado con los sentimientos a flor de piel (tal y como vimos en la primera entrega). Espero que te guste la historia a medida que avanza... ¡y prometo tardar mucho menos en subir la próxima entrega!

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