2 de noviembre de 2014

INALCANZABLE (Relato corto).

Hoy nuestra querida Sara nos trae una historia preciosa sobre dos gotitas de agua. Espero que la disfrutéis.

Como la cima de una montaña imposible, infinita. Como la orilla opuesta de un río infranqueable, lejana, distante, dorada. Los reflejos verdosos de sus ojos barridos lentamente con un suave susurro de marea baja. Como juncos de ribera, sus pestañas. Como la brisa marina en horas tempranas, su respiración calma en mi oído. Recostada sobre mi hombro su liviana cabeza. Las ondas de su pelo, envidiadas por el mismo mar de Vigo, caían espalda abajo, hebras de plata y oro, hasta rozar las oscuras aguas del canal.

                El agua corría serena, tibia, casi opaca, casi negra. Bajo el Puente de los Suspiros, un candado triste y desesperado luchaba contra el viento húmedo. Todo lo que conseguía era estrellarse contra las paredes, produciendo un dulce tintineo apenas audible al sonar las campanas de la iglesia...

                Notas dispersas de una romántica balada llegaban hasta nosotros, provenientes de una de las tantas góndolas que se adentraban por el Gran Canal para salir más adelante frente a la casa de Marco Polo. Su voz tristona acompañando a la del gondolero. El murmullo del agua a modo de base instrumental. Una botella golpeando las puertas corroídas y el sonido metálico de las cadenas repletas de candados a los lados del puente, haciendo las veces de coros. Todo tipo de sonidos avanzaban hasta nuestros oídos, abriéndose camino entre la muchedumbre, dejando de lado los gritos de los peatones, sus prisas y los flashes histéricos de sus cámaras de fotos.

                Entre estrofa y estrofa me contaba lo que a ella le parecía más importante de su historia con el ricachón de Serrano. Aquella parecía mi sentencia final. Ese chico del que hablaba era completamente diferente a mí... Pero era igual a ella. Debían de haber formado la pareja ideal en su momento. Guapa ella, guapo él, pudientes ambos, vividores de una vida aparentemente vacía de problemas, pero repleta de compromisos. Cuanto más hablaba, más me daba cuenta de mis posibilidades. Eran terriblemente escasas. Pertenecíamos a mundos drásticamente diferentes... Aunque tanto ella como yo vivíamos en la misma zona, nos movíamos en ambientes radicalmente distintos. Ella, elegante como las imponentes barcazas que pasaban próximas a nosotros y yo, mediocre y contaminado como las aguas sobre las que éstas danzaban, como el fango que, por no creer importante, pisoteaban.

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                Caóticas, desordenadas. Gotas frías, cristalinas, salían rápidas de entre las rocas. Los copos de nieve morían lentamente para dar paso a una nueva vida. Los malos recuerdos arrastrados hasta entonces se perdían en silencio para siempre en aquel lugar. La creación de un nuevo todo suponía en aquel momento un enorme esfuerzo... Litros y litros de agua surgían cada minuto. Química pura. Dos pequeñísimas gotas se unieron en una sola, un poquitín más grande, para seguir juntas su camino...

                Creando un lazo irrompible, atravesaron las más duras dificultades, juntos, sin separarse un solo instante. Un fuerte torrente de emociones amenazaba cada segundo con destruir aquella unión inquebrantable.

                Reflejos dorados en una orilla, plateados en otra. Llegaba la época más tranquila imaginable para la doble gota feliz... Los suaves cantos rodados la acariciaban, la acompañaban en sus vaivenes entre las algas, en sus aventuras entre los peces e incluso cuando parecían estar a punto de evaporarse, ayudándolas a volver a su curso tras los obstáculos del camino.

                Fuertes baches se avecinaban a cada doblez del río. Los exagerados meandros conseguían, en ocasiones, separar los polos de la gota, aunque más tarde los reunían de nuevo, con la intensidad de un maremoto. Por largos que se hicieran los días en soledad, cada vez se hacían más insoportables los días en compañía. La monotonía acechaba tras cada piedra, observando con actitud desafiante.

                Los últimos días de aquel viaje juntos se acercaban cada vez más. Las dos pequeñas gotas hacían su vida cada uno por su lado, encargado él de depositar las partículas de arena que portaba desde el comienzo de su vida, ocupada ella en mantener organizadas las corrientes. Sus momentos juntos eran cada vez menos frecuentes, y llegó el momento en que dejaron de producirse.

                El mar les esperaba con los brazos abiertos, preparada para destinarles a lugares muy diferentes. Tras un largo proceso de evaporación por separado, las gotitas se reencontraron una mañana en el anaranjado cielo del amanecer, viviendo un nuevo día juntos, felices de volver a verse, de estar de nuevo en contacto. Pero ya no existía aquella química inicial que habían tenido en un principio... Había desaparecido sin dejar rastro. Tratando de ignorar este detalle, que a ambos les pareció nimio, siguieron su camino próximos el uno al otro.


                Un día, mientras las dos gotitas ampliaban su círculo de amigos en las nubes, una fuerte descarga eléctrica las separó para siempre. Una destructora tormenta arrastró a cada gota hacia un lugar diferente, como en principio debía haber hecho el mar, enviándolo a él de nuevo a las montañas y a ella dejándola caer en mis brazos silenciosamente, en el puerto de Venecia. Y en el momento en que se precipitó hacia ellos, con gran emoción y aún mayor incredulidad por mi parte, aquella preciosa gotita de pelo largo y rizado como las olas de Brasil y yo, aquella humilde gota que hasta entonces llevaba la peor vida atravesando oscuros ríos y tenebrosas lagunas subterráneas, quedamos unidos en una nueva doble gota feliz, inquebrantable y reluciente como la que más... Como sólo una gota recién caída del cielo puede serlo.

Por Sara Núñez.

1 comentario:

  1. Es un gran relato, la verdad, lo leí (creo) cuando lo publicaste, pero hasta ahora no había tenido momento de comentarlo, así que lo he releído para poder hablar bien de él.
    Puedes darle mis más sinceras felicitaciones a la escritora, y me sorprendería mucho saber que no ha intentado escribir poesía, porque tengo esa ligera sensación de que se le daría genial, a fin de cuentas este relato es muy poético, en especial el principio.
    Todo el relato de las gotitas de agua es realmente ingenioso y creo que encaja bien con la historia de los humanos que, pese a no contarse, se intuye.

    Espero ver más relatos de esta colaboradora :) los leeré sin dudarlo.

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