Como la cima de una montaña
imposible, infinita. Como la orilla opuesta de un río infranqueable, lejana,
distante, dorada. Los reflejos verdosos de sus ojos barridos lentamente con un
suave susurro de marea baja. Como juncos de ribera, sus pestañas. Como la brisa
marina en horas tempranas, su respiración calma en mi oído. Recostada sobre mi
hombro su liviana cabeza. Las ondas de su pelo, envidiadas por el mismo mar de
Vigo, caían espalda abajo, hebras de plata y oro, hasta rozar las oscuras aguas
del canal.
El agua
corría serena, tibia, casi opaca, casi negra. Bajo el Puente de los Suspiros,
un candado triste y desesperado luchaba contra el viento húmedo. Todo lo que
conseguía era estrellarse contra las paredes, produciendo un dulce tintineo
apenas audible al sonar las campanas de la iglesia...
Notas
dispersas de una romántica balada llegaban hasta nosotros, provenientes de una
de las tantas góndolas que se adentraban por el Gran Canal para salir más
adelante frente a la casa de Marco Polo. Su voz tristona acompañando a la del
gondolero. El murmullo del agua a modo de base instrumental. Una botella
golpeando las puertas corroídas y el sonido metálico de las cadenas repletas de
candados a los lados del puente, haciendo las veces de coros. Todo tipo de
sonidos avanzaban hasta nuestros oídos, abriéndose camino entre la muchedumbre,
dejando de lado los gritos de los peatones, sus prisas y los flashes histéricos
de sus cámaras de fotos.
Entre
estrofa y estrofa me contaba lo que a ella le parecía más importante de su
historia con el ricachón de Serrano. Aquella parecía mi sentencia final. Ese
chico del que hablaba era completamente diferente a mí... Pero era igual a
ella. Debían de haber formado la pareja ideal en su momento. Guapa ella, guapo
él, pudientes ambos, vividores de una vida aparentemente vacía de problemas,
pero repleta de compromisos. Cuanto más hablaba, más me daba cuenta de mis
posibilidades. Eran terriblemente escasas. Pertenecíamos a mundos drásticamente
diferentes... Aunque tanto ella como yo vivíamos en la misma zona, nos movíamos
en ambientes radicalmente distintos. Ella, elegante como las imponentes
barcazas que pasaban próximas a nosotros y yo, mediocre y contaminado como las
aguas sobre las que éstas danzaban, como el fango que, por no creer importante,
pisoteaban.
* * * *
Caóticas,
desordenadas. Gotas frías, cristalinas, salían rápidas de entre las rocas. Los
copos de nieve morían lentamente para dar paso a una nueva vida. Los malos
recuerdos arrastrados hasta entonces se perdían en silencio para siempre en
aquel lugar. La creación de un nuevo todo suponía en aquel momento un enorme
esfuerzo... Litros y litros de agua surgían cada minuto. Química pura. Dos
pequeñísimas gotas se unieron en una sola, un poquitín más grande, para seguir
juntas su camino...
Creando
un lazo irrompible, atravesaron las más duras dificultades, juntos, sin
separarse un solo instante. Un fuerte torrente de emociones amenazaba cada
segundo con destruir aquella unión inquebrantable.
Reflejos
dorados en una orilla, plateados en otra. Llegaba la época más tranquila
imaginable para la doble gota feliz... Los suaves cantos rodados la
acariciaban, la acompañaban en sus vaivenes entre las algas, en sus aventuras
entre los peces e incluso cuando parecían estar a punto de evaporarse,
ayudándolas a volver a su curso tras los obstáculos del camino.
Fuertes
baches se avecinaban a cada doblez del río. Los exagerados meandros conseguían,
en ocasiones, separar los polos de la gota, aunque más tarde los reunían de
nuevo, con la intensidad de un maremoto. Por largos que se hicieran los días en
soledad, cada vez se hacían más insoportables los días en compañía. La
monotonía acechaba tras cada piedra, observando con actitud desafiante.
Los
últimos días de aquel viaje juntos se acercaban cada vez más. Las dos pequeñas
gotas hacían su vida cada uno por su lado, encargado él de depositar las
partículas de arena que portaba desde el comienzo de su vida, ocupada ella en
mantener organizadas las corrientes. Sus momentos juntos eran cada vez menos
frecuentes, y llegó el momento en que dejaron de producirse.
El mar
les esperaba con los brazos abiertos, preparada para destinarles a lugares muy
diferentes. Tras un largo proceso de evaporación por separado, las gotitas se
reencontraron una mañana en el anaranjado cielo del amanecer, viviendo un nuevo
día juntos, felices de volver a verse, de estar de nuevo en contacto. Pero ya
no existía aquella química inicial que habían tenido en un principio... Había
desaparecido sin dejar rastro. Tratando de ignorar este detalle, que a ambos
les pareció nimio, siguieron su camino próximos el uno al otro.
Un día,
mientras las dos gotitas ampliaban su círculo de amigos en las nubes, una
fuerte descarga eléctrica las separó para siempre. Una destructora tormenta
arrastró a cada gota hacia un lugar diferente, como en principio debía haber
hecho el mar, enviándolo a él de nuevo a las montañas y a ella dejándola caer
en mis brazos silenciosamente, en el puerto de Venecia. Y en el momento en que
se precipitó hacia ellos, con gran emoción y aún mayor incredulidad por mi
parte, aquella preciosa gotita de pelo largo y rizado como las olas de Brasil y
yo, aquella humilde gota que hasta entonces llevaba la peor vida atravesando
oscuros ríos y tenebrosas lagunas subterráneas, quedamos unidos en una nueva
doble gota feliz, inquebrantable y reluciente como la que más... Como sólo una
gota recién caída del cielo puede serlo.
Por Sara Núñez.
Es un gran relato, la verdad, lo leí (creo) cuando lo publicaste, pero hasta ahora no había tenido momento de comentarlo, así que lo he releído para poder hablar bien de él.
ResponderEliminarPuedes darle mis más sinceras felicitaciones a la escritora, y me sorprendería mucho saber que no ha intentado escribir poesía, porque tengo esa ligera sensación de que se le daría genial, a fin de cuentas este relato es muy poético, en especial el principio.
Todo el relato de las gotitas de agua es realmente ingenioso y creo que encaja bien con la historia de los humanos que, pese a no contarse, se intuye.
Espero ver más relatos de esta colaboradora :) los leeré sin dudarlo.