Y aún a día de hoy, año y pico después del adiós en
Plaza España, me sigo preguntando si me quisiste. Hay días en los que hace sol
y pienso que sí hubo mariposas en tu estómago, pero los días en los que bajo
las persianas y me inunda la fúnebre melodía de la lluvia, mi mente es incapaz
de contestarme con un sí. Y es en esta noche tan cálidamente fría cuando parece
que ha entrado por la ventana la respuesta a mi dilema. Imaginemos que me la
trajo por carta una de esas lechuzas de Harry Potter que tanto te enternecían.
¿Que qué hay en la carta? Recuerdos. Miles de ellos.
Horas llevo leyéndolos. He leído sobre el día en el que te abracé después de
comprarte aquel libro que meses antes te vi anhelar, y cómo cuando me quise dar
cuenta estabas llorando de felicidad. No por el libro. El libro era lo de
menos.
He leído sobre la primera noche en la que dormimos
juntos. Cuando al despertar te pregunté si había roncado, y tú me sonreíste con
la ternura que tiene una madre al mirar a su retoño y me dijiste ‘Roncabas un poquito,
pero no te quise despertar porque me encantaba mirarte mientras dormías’.
También leí sobre el día de tu cumpleaños. De cómo
aquella tarde de pícnic sobre el césped, a priori tan simple ante mis ojos, fue
uno de los mejores días de tu vida, según me contaste a la mañana siguiente.
Páginas y más páginas. La carta lo tiene todo. Como el
día en el que lloraste por verme llorar, y lo hiciste con una pena hasta mayor
que la mía.
Y tras el punto y final, por fin entendí todo. Que lo
tuyo, a diferencia de lo mío, fue malicia sin maldad. Que puedo escribir sobre
esto hoy, mañana, dentro de un año o cuando camine con bastón, y el pecho
escocerá lo mismo que hoy. Que aunque no daría ni una uña por volver contigo,
daría mi piel entera por un último abrazo. Me encantaba la manera en la que me
abrazabas, debo aprovechar para decirte. Al leer nuestros recuerdos he
comprendido que aunque no me decías los ‘te quiero’ con palabras, me los
gritabas cada día.
Así que tú, para adelante. No me odies más, ¿vale? A
partir de ahora, yo me odiaré por los dos. Que desde esta noche, solo llore y
se lamente el que lo merece. Tú adelante. Tira millas. Sé feliz. Y… lo siento.
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